Matías Roffé
frente al mundo
“No podría
interpretar a mis dibujos” me dijo Matías Roffé.
Si él no puede decir en palabras lo que ya “dijo”
en líneas, menos lo podré yo. Pero no comienzo este prólogo
a una muestra suya en “La línea Piensa” con tal propósito,
pero si queriendo explicar por qué ellos me atraen tanto.
El dibujo tiene el poder de mostrar lo que no se puede decir, tal como
Wittgenstein señalaba. Más aun, el dibujo calla las palabras,
pero puede nombrar ya que representar algo equivale al sustantivo y
puede adjetivar con colores. Pero Matías Roffé prefiere
hacerlo con tensiones de fuertes contrastes de valores y espacios pero
siempre con el protagonismo de la línea como escritura. El presenta
a la imagen sustrayendo elementos y cambiando el sistema sígnico:
lo que comienza como figuración expresionista se transforma en
un espacio abstracto no denotativo pero ampliamente connotativo. Sus
dibujos son simultáneamente feroces y bellos en el sentido que
se le debe dar al concepto de belleza: sublima. Exorciza el espanto,
como jugando. Su estado catártico se pone de manifiesto en su
numerosa producción de dibujos.
En el caso de este joven autodidacta la calidad y la cantidad se presentan
inseparables conceptualmente: se trata de una lírica torrencial.
Pero, al mismo tiempo Matías realiza sus dibujos como quien escribe
con Birome un diario intimo en papeles comunes A4, señalando
impresiones cotidianas. Pero, eso sí, sacándose al mundo
de encima y poniéndolo ante sus ojos para tomar distancia y poder
enfrentarlo, ajenizándolo,
haciéndolo otro. La vida así – con toda su carga
y con los monstruos que nos visitan- se va convirtiendo en sus dibujos
en teoremas visuales fríamente resueltos. Su expresionismo se
contiene y se transforma sublimándose.
Esta exposición se muestra con la coherencia de su hacer: abrumadoramente
y con la mayoría de los dibujos sin enmarcar. Algo así
como si se observara a alguien que marcha por la vida resolviendo problemas.
Luis Felipe
Noé.
Inauguración:
13/8| Cierre: 6/9