Muestra # 31


Richard Sturgeon
25 Años de Dibujo

Partenón l 1988

El estilo de Richard Sturgeon tiene la fuerte impronta de carácter de quien aborda el tema con una convicción expresiva siempre extrema, desaforada, ríspida. Sin embargo, la escena Sturgeon, imperiosa y atribulada por obra y gracia de la potencia directa de la línea, de la acelerada inmediatez del trazo en crudo y sin pausa, como registro palpitante de una pulsión acalorada que quiere atormentar ácidamente la neutralidad del plano para romperlo, parece anclada en un acompasado equilibrio secreto, como si el artista fuera capaz, sin resignar nada de su irreflexividad programática, de orquestar la teatralidad de sus situaciones - tanto las mas bizarras y excéntricas, pasando por las más afines a cierta geometrización blanda, como las que usufructúan una ambigua fricción entre la figuración anómala y poderosas subdivisiones constructivas - al amparo de una perfecta noción de armonía. En medio del tembladeral, de la rusticidad afiebrada, vibrante, invariablemente habrá en Sturgeon una suerte de factor bifronte, como si él amagara con la ferocidad pero enseguida la dosificara con la moderación de un lenguaje que encuentra el punto exacto no en el desborde sino en su temperatura interna.
La desencajada elegancia de sus motivos busca su sentido en la resonancia expresionista, en los deslices estratégicamente errabundos de quien ha bebido la pócima matisseana, en las maneras y manifestaciones más primarias de un arco que, en el escenario local, abarca desde la Nueva Figuración hasta la Transvanguardia. A la vez, el modo exasperado en que ubica sus personajes revela la intención de hacer que ellos sufran, o adopten, distorsiones físicas, como si se hallaran oprimidos por el perímetro de esas superficies; para Sturgeon, la composición es, mucho más que una necesidad o imposición gramatical, un elemento dramático puro que hay que exprimir hasta el límite de la resistencia. Así como en sus momentos de aguda desnudez lineal, o allí donde el volumen de esos cuerpos atonales, y la luz y la sombra que los arrasan, le deben más a las virtudes del garabato que a la precisión del oficio, se percibe en Sturgeon el firme empuje de una corriente de activa fruición, que atraviesa papel tras papel como un relámpago crispado, un movimiento tan eficaz en la narración elíptica, sugestiva, como en la transcripción despojada de su volcánica obstinación para el dibujo.

Eduardo Stupia

Inauguración 19/11 | Cierre: 13/12

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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