Ladislao Magyar
en el siglo XXI
Si la palabra extraordinario
se aplica a lo que está fuera de la regla natural o común,
me animo a decir que encuentro extraordinarios los dibujos de Ladislao
Magyar. La primera razón para que califique a ellos de esta manera,
es que paradójicamente se refieren a la vida ordinaria, a lo
común cotidiano, a lo que según el diccionario “acontece
la mayor parte de las veces”.
Pero esta vida ordinaria sucede en un mundo convulsionado de fines del
siglo XX y principios del XXI, en una de las principales ciudades cosmopolitas
de Latinoamérica. Por lo tanto, sus dibujos son extraordinarios
por una segunda razón: con una libertad de concepción
excepcional hace compartir con la naturalidad de una escritura, el diálogo
más riguroso con un gesto libre de todo prejuicio contraponiendo,
creando tensiones y al mismo tiempo orquestando sinfonicamente.
Desde Ingres a Piccaso pasando por toda la historia del dibujo, incluida
su naturaleza abstracta se dan cita en sus dibujos que, sin embargo,
terminan siendo absolutamente personales. Contrapone, quiebra, dinamiza
lo estático, concentra y deshace, moviliza la línea desde
representación perfecta al alma del garabato sabio, mostrando
desde la libertad estar de vuelta de un oficio que conoce como muy pocos.
Allí reside su excepcionalidad.
Ladislao Magyar -también excelente pintor-, muestra que el dibujo
se puede bastar por si sólo para mostrar una Imago mundi muy
propia y singular pero simultáneamente muy de la época
que vivimos. En tal sentido, él -que ha vivido la mayor parte
de su vida en el siglo XX- es un dibujante cabal del siglo XXI.
Luis Felipe Noé.
Noviembre 2009.
Inauguración
17/12 |Cierre 01/03