El
sorprendente García Curten
Fernando García Curten -tan excelente escultor y dibujante como
desconocido por la mayor parte de nuestra tribu artística- vive
en su casa natal de San Pedro (Provincia de Buenos Aires) convertida
en 1992 en un museo que lleva su nombre, que él dirige, por decisión
de la Legislatura de esa ciudad. Ya han transcurrido veinte años
desde la última y notable exposición de esculturas que
realizó en el Centro Cultural Recoleta. Ahora La línea
piensa tiene el orgullo de presentar por primera vez en Buenos Aires
una antología de dibujos de este notable maestro.
Su aislamiento contrasta con el hecho de que la casa-museo es visitada
constantemente por argentinos y extranjeros que en su mayor parte viajan
especialmente a San Pedro con ese fin. Se encuentran allí –luego
de atravesar un pequeño bosque de exuberantes plantas- con sus
imponentes esculturas. Estas, hechas de maderas -que se ensamblan como
luchando entre ellas, se superponen, se entrecruzan, se muerden- configuran,
cada una, batallas por la sobrevivencia humana. Del conglomerado de
estas surgen como gritos figuras que se enuncian y se abstraen simultáneamente.
Algo así como cuando hablando de una persona concreta la rodeamos
de conceptos abstractos y de calificativos que se contradicen entre
sí, de tal modo, que ella ya no es ella, sino una bola de nieve
(en este caso de madera) que se echa a rodar. Y, por cierto, que una
de sus esculturas es una descomunal rueda. En otras las figuras deshacen
su identidad en el amasijo de las maderas. Por algo, García Curten
trabaja con ese material. En China oí decir la sorprendente y
paradójica afirmación de que el árbol ha sido la
primera presencia humana en la tierra.
El visitante del museo también se encontrará con algunas
pinturas pero, sobre todo, con una gran cantidad de dibujos. Estos tienen
en común con las esculturas la crispación astillada, pero,
esta vez, hecha a puras líneas. Nos ayudan a volver a contemplar
sus esculturas y hallar en la coalición de trozos de madera la
presencia de líneas como si fueran dibujos. Y vueltos a estos
encontrar en el entrecruzamiento de líneas una concepción
matérica del dibujo. En un arte como en el otro, García
Curten nos presenta estallidos. Pero, si en sus esculturas –por
propia naturaleza de este lenguaje artístico- existe un eje totémico,
en los dibujos es el mundo que estalla. Ello hace que a pesar de sus
tamaños de papeles normales tengan presencia de murales. Si las
esculturas existen en el espacio, este está adentro de los dibujos.
Por ende, por este hecho, adquieren total autonomía. En todos
ellos hay un eje temático-literario que nos está queriendo
decir un mensaje, pero el espectador al recibirlo casi se olvida de
la concreta referencia y recibe una cosmovisión, como pocos artistas
la tienen del mundo en que vivimos. Entrar en ellos es fascinante y
es descubrir el secreto de su aparente aislamiento: tomar distancia
para ver el conjunto. Y así, brinda un todo donde la línea
va sopesando la participación concreta de los elementos que la
integran y que van configurando un Imago mundi, como si fuesen vistas
aéreas de la tragedia humana. Pero, para transmitirla a esta,
él bien sabe que hay que hacerlo sin perder el salvador sentido
del humor: ese ver el reverso de las cosas.
Quiero finalizar este prólogo con una salvedad y una advertencia.
La primera es que no es recomendable tratar de entender estas obras
bajo el calificativo de expresionistas. Como un auténtico artista
él cumple el axioma de Rimbaud; yo es otro. García Curten
en su quehacer artístico viaja a la otredad de su yo. Ahora la
advertencia: García Curten es un ejemplo de que al arte argentino
hay que descubrirlo en todos los rincones del país.
Luis Felipe Noé, Mayo 2010.
Inauguración
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