Cecilia
Ivanchevich y Valeria Traversa coinciden en el espacio de La Línea
Piensa y eso conduce a pensar en otras coincidencias, quizás
mucho más esenciales e ideológicas que formales y evidentes.
El dibujo de ambas es, antes que un desarrollo engalanado de tópicos
iconográficos, embelecos más o menos narrativos y situaciones
más o menos definidas, un modo de dibujar. Si bien todo dibujo
es un “modo”, una manera, en ellas parece haber una renuencia
a dejar que el dibujo se aproxime demasiado a consolidarse, a cristalizarse
en un sistema de signos que no sea otra cosa que el dibujo hablando
de sí mismo.
En
Ivanchevich esa retirada, ese recelo, es definitivamente palpable e
inquietante cuando parece volcar apenas en el plano el resto, el rastro
más escueto y huesudo de la acción manual, en una articulación
de ritmo, geometría y síntesis de enorme precisión
y contundencia. Pero también, y sin traicionarse, puede rozar
engañosamente la alusión escénica en sus piezas
de formato más francamente horizontal – diríase
en scope -, donde la mancha, la línea, la textura, los altos
contrastes geométricos de un blanco y negro sonoro y mórbido,
y una dinámica de plasticidad más ortodoxa, hablan de
un hedonismo para el puro acto de dibujar que quiere, y logra, establecer
complicidades, tensiones y resonancias a partir del simulacro de una
representación en permanente movimiento, que elude todo el tiempo
consolidarse.
Traversa
es igualmente extrema, y todavía más puritana, en su fanatismo
por generar el mayor impulso y expansión visible del dibujo con
la menor apelación a una paleta posible de recursos. En ella
el dibujo es más un fenómeno físico que un problema
estético, sin que esa militancia terminal signifique una renuncia
a un trabajo sobre el campo visual que, aún de manera anómala,
enfermiza, busca armonía y estilización, incluso en sus
expresiones más cáusticas y deliberadamente balbuceantes.
La de Traversa es una maquinaria estratégicamente elemental,
exasperada, que se crispa, se enreda, se ramifica o contrae en implacable
examinación de los límites del plano, en tanto ficción
espacial o puro formato de superficie, recurriendo a aquello que parece
pertenecer a lo que se excluye, al error, al sinsentido temible del
tumultuoso borroneo y del garabato.
Eduardo
Stupía
Inauguración 9/9 | Cierre 3/10