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El Borges en casa
La potencia de esta nueva anormalidad depende de nuestra capacidad de imaginar mundos
Ministerio de Cultura
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Nota del Ministerio de Cultura / Argentina
Adriana Barenstein, coreógrafa: "La potencia de esta 'nueva anormalidad' depende de nuestra capacidad de imaginar mundos"
DANZA


Conversamos sobre los cambios en el sector de la danza con la coreógrafa e investigadora Adriana Barenstein.

Adriana Barenstein es directora de escena, puestista, coreógrafa e investigadora. Cursó estudios de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Creó el Área de Artes Vivas en el Centro Cultural Borges y el departamento de Danza Teatro de la UBA. En esta última dirigió la Compañía de Danza Teatro, la Escuela de Danza Teatro y Talleres Abiertos a la comunidad. Sus obras se presentaron en festivales y bienales en Polonia, Holanda, Italia, España, Suiza y Estados Unidos.

Actualmente dirige el Departamento de Cursos y Talleres del Centro Cultural Borges y se desempeña como programadora en Experiencias en Escena, un espacio de cruce y experimentación artística en relación a la escena, con una fuerte programación en danza, que además aloja el Laboratorio Derivas de Experimentación Escénica y Coreográfica del Borges.

Fue curadora de proyectos en diversos espacios culturales de la ciudad de Buenos Aires, como Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA), Espacio Itaú, Centro Cultural Recoleta, Fundación Julio Bocca, Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), Museo Casa de Ricardo Rojas, entre muchos otros.

En 2009 creó y dirigió el proyecto Performance Cuerpo y Ciudad, de investigación de intervenciones artísticas en espacio público con la participación de especialistas de diferentes disciplinas: filósofos, músicos, diseñadores de imagen y sonido, actores, bailarines y artistas plásticos. En 2011 ganó la Beca Guggenheim para el desarrollo e investigación del proyecto de filosofía, danza y performance Cuerpo y entorno. Es conductora del programa La Voz del Laberinto, que se transmite por en Radio Cultura los miércoles de 12 a 13 hs.

A continuación, Barenstein nos habla de la danza en los tiempos que corren, el futuro de la disciplina en la pos pandemia, y la necesidad de imaginar nuevos mundos para nuevas realidades.

-¿Cómo están afectando la pandemia y la situación de cuarentena la producción de trabajo?
-La obra artística en general, y la danza y la performance en particular, se ven siempre atravesadas por las condiciones sociales. El entorno influye en la producción y recepción de obra. En la danza -en todos sus formatos- el objeto está centrado en el cuerpo y por lo tanto no es autosuficiente de las circunstancias en las que acontece. Siempre se trata de una obra enclavada, situada y al mismo tiempo abierta al contexto, en un cruce muy ágil entre estos diferentes espacios. Son capas que se afectan y se alteran unas a otras todo el tiempo, en un movimiento ágil, cambiante, difícil de atrapar y mucho menos fijar en una sola mirada. Esos juegos entre las distintas capas de la realidad construyen obra, y al decir obra decimos entorno y contexto. En manadas de fuerza o energía, la realidad es un rompecabezas. Retazos de microescenas, oscilación de enfrentamientos y piezas móviles que se intercambian. Aunque cada cosa pretenda un lugar, la delimitación es fluctuante, las fronteras porosas y así las constantes invasiones y expulsiones, los combates entre un lado y el otro producen oscilaciones del punto de vista y los puntos de producción de obra.

Hay un marco que condiciona, encuadra, delimita. Hay un aire de época. Hoy la situación de pandemia interviene los cuerpos, las obras, los lugares, el espacio. La obra se realiza inmersa en esta realidad.

El arte recibe el golpe de este cambio de mirada, de paradigma y, sobre todo, de vinculación entre los cuerpos. La falta de contacto afecta la construcción del cuerpo, tanto individual como social, transforma las miradas y cuestiona todo. Los nuevos gestos de distanciamiento alteran la forma de construir obra, de intervenir el espacio, de trabajar los materiales, de conectar.

-¿Qué actividades está llevando a cabo el sector en este contexto?
-El sector de la danza está activo, organizado, comunicado. Una de las cosas que pasa en esta situación de pandemia es el mayor acercamiento (virtual) entre la gente, la solidaridad y un crecimiento de los vínculos online. Al acotarse el territorio de acción se profundiza la investigación dentro de lo "posible".

Veo esta situación como un paréntesis, una suspensión de esa otra vida que vivíamos. Esto implica otra manera de estar, un gran esfuerzo de adaptación y seguramente en ese esfuerzo van a aparecer opciones nuevas de las que todavía no sabemos nada, ya que estamos viviendo en la incertidumbre y no tenemos distancia para sacar conclusiones. Todo va muy rápido y nosotros corremos detrás de acontecimientos inesperados para los cuales no tenemos respuestas, ya que esto nos pasa sin llegar a entender del todo de qué se trata.

En este sentido, vemos diferentes formas de agrupación de la gente de la danza tanto en los reclamos como en la necesidad de organizar mesas de discusión, clases, entrevistas, encuentros online. Hay proyectos a pesar de las limitaciones; se ve un gran esfuerzo por seguir adelante y no paralizarse. Por supuesto que no termino de imaginar el futuro en estos nuevos contactos de los cuerpos sin contacto.

-¿Cuál es tu opinión respecto del futuro cercano? ¿Crees que los cambios van a afectar la relación con el espectador?
-La realidad de años de una relación de cercanía con el público, de proximidad, que hizo posible una continuidad en la programación de actividades en el sector tanto público como privado, ya sea local, nacional o internacional, hoy está en peligro.

Tenemos que encontrar juntos estas otras formas posibles, construir ese pensamiento "común", hecho de incertidumbre, fuerza, coraje y, sobre todo, de fragilidad. Tal vez navegamos en un universo más inseguro, más incierto, pero es una oportunidad para acuerdos y solidaridades. Acuerdos colectivos y horizontales que nos permitan abrirnos camino juntos. Recuperar esa confianza a pesar de las dudas y atreverse a este mundo, otro, diferente, desconocido, fragmentado, roto, inquietante. La opción es colectiva, es con todos y, además, juntos.

La relación con el espectador es dinámica. El arte en general, y la danza en particular, es presencia, energía, fuerza, contacto. Eso no se va a perder, pero sí creo que estamos atravesando un cambio. La obra artística crea un mundo, abre la mirada, constituye un lugar, construye una red de vínculos.

Hoy el mundo entero, no solo el arte, tiene que profundizar en ese territorio castigado por la pandemia, por la desconfianza, por el miedo, para reconstruir a partir de esta situación, de la pérdida, una nueva sensorialidad, un nuevo modo de mirar y, si es posible, de recuperar la confianza.

Tanto la construcción como la recepción de obra se vieron castigadas en este 2020, con esta situación de emergencia. Tenemos que trabajar en el restablecimiento de la relación de la obra con los cuerpos y el público. Suele haber un desplazamiento, un movimiento de estas relaciones, y no siempre este movimiento es controlable. Tenemos que estar atentos, activos y sobre todo, imaginar. La potencia de esta "nueva anormalidad" que todavía está por construirse depende de nuestra capacidad de imaginar mundos. Ojalá.

Portada: Agencia Paco Urondo.

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