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La Línea Piensa
Muestra # 103
Fabían Lopardo y María Rodríguez Bosch
La naturaleza de la cultura
Inauguración19.6
Cierre16.8
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Aún manteniendo sus diferencias esenciales como artistas, Maria Rodríguez Bosch y Fabián Lopardo exhiben notables y productivas coincidencias en el territorio común de la práctica y el concepto. Ambos responden a la influencia vital de su hábitat cotidiano con una agudeza perceptiva digna del geólogo o del botánico, pero también con la inventiva libertaria de una conciencia casi en estado púber, capaz de crear un microcosmos orgánico y de equilibrada lógica semántica conjugando, en un lenguaje alerta y sensible, los registros y fragmentos del universo natural con los interrogantes del arte.

En esa armonía dinámica que, cada uno a su manera, establecen en la eficaz circulación discursiva de sus piezas, el espectador es amorosamente invitado a compartir los sabores mixtos, intensos pero también impalpables, indefinibles, de un fluido contrapunto de géneros y formatos. Así, en acompasada organización, desfilan variantes maleables y ornamentales de la abstracción, junto a la minuciosa manualidad que transforma en elementos mágicos los objetos más simples, así como irrumpe una susurrante poesía breve de texturas, signos y materias en estimulante convivencia. En ambos artistas, el oficio y la probidad artesanal son marcas constitutivas no sólo de una constante evolución estilística sino de una verdadera identidad, eso que hace que inmediatamente pueda reconocérselos como fieles cultores de la tradición que pone al dogma del trabajo y del instrumento por encima de cualquier otra categoría. En ese sentido, es igualmente abarcativo el rango de materiales a los que apelan, desde el óleo, el grafito o el pastel hasta la fotografía y las operaciones digitales.

El insinuado paisaje, las improvisaciones cromáticas, la búsqueda de la clave implícita en la bella insignificancia de un pétalo o una rama caída, el ensayo caligráfico como correlato de la escritura de la luz o la sombra, son manifestaciones estacionarias de un movimiento expresivo y experiencial, que deja siempre abierto el campo para la imaginación reflexiva. Así, Bosch y Lopardo abordan las demandas técnicas de los recursos más exigentes con imprescindible ductilidad, sapiencia, y esa rara cualidad que sólo unos pocos tienen, y que consiste en hallar en cada en cada cosa elegida, en cada imagen, en cada herramienta, el espíritu interior, la misteriosa razón de ser en el sistema de las figuras del mundo, como si detectaran en lo visible la trama de lo oculto, de lo secretamente prodigioso.

Eduardo Stupía

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