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La Línea Piensa
Muestra # 106
Alejandro Haloua
La esfera
Inauguración1.11
Cierre16.11
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Alejandro Haloua ha decidido que esta muestra prolijamente abarcativa de su trabajo se titule LA ESFERA. Puede que lo haya querido así como consecuencia de una estimulación onírica, de acuerdo a palabras del propio artista, asumiendo que el sueño, “autor de representaciones”, es como una bóveda celeste nocturnal y secreta, una suerte de planetario privado donde se proyectan todas las imágenes. O bien porque la esfera es la figura más perfecta y más uniforme, dado que todos los puntos de la superficie equidistan del centro, según dice Borges que dice Platón en el Timeo. Haloua quizás percibe que esa ecuanimidad geométrica es una eficaz metáfora del modo en que él entiende y plantea el establecimiento de su lenguaje, donde ningún signo o elemento tiene mas importancia que otro y la relación entre las partes y el todo es análoga, y perfectamente equilibrada. Con óleo, acrílico, pastel, fibras, crayones, tinta, lápices – “todo lo que esté a mano”,confiesa - Haloua avanza sin prisa y sin pausa sobre diversos soportes en una incontenible generación de formas gráficas,líneas,manchas,pinceladas,trazos,tramas,empastes, y borbotones de un color invariablemente intenso y carnal, muchas veces desaforado y virulento, bajo el imperio de una dinámica constructiva donde predominan la multiplicación, la subdivisión, el encastre, la cristalización, la proliferación y diseminación barrocas. Esta peculiar morfología parece alimentada por una corriente de vitalidad creativa más proclive a dejarse llevar y extasiarse en el puro devenir hedonista de la acción, antes que a detenerse en consideraciones compositivas o en regulaciones normativas, de género o formato. En esa sensación de infinitud que invade al espectador, que cree estar en presencia de erráticas, exhuberantes cartografías, de códices excéntricos o inventados, pueden desde luego detectarse ensayos de la abstracción moderna más expresiva (Asger Jorn, Karel Appel), asi como raudos pasajes de ornamentaciones descompuestas, de configuraciones que remotamente aluden a alguna críptica narración, a alguna desquiciada fisonomía. En cualquier caso, Alejandro Haloua elude graciosamente toda domesticación para desatar las mil caras de su misterioso mundo, un mundo legislado por la indómita autonomía de su propio cánon y la saludable arbitrariedad del gesto artístico puro.

Eduardo Stupía

 

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