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La Línea Piensa
Muestra # 109
Freisztav, Paiva, Raffo
AutoLocos
Inauguración26.4
Cierre26.5
Sala10
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No hay nada más cuerdo que autodefinirse como loco. Afirmar que uno “está loco” implica la suficiente conciencia de disponer de un discurso ordenado, lógico, más allá de la absoluta o relativa veracidad de lo que se afirma. Estos tres artistas se presentan
como “autolocos” y habrá que creerles, si aceptamos que ellos se posicionan frente al estado de las cosas en el mundo actual con ese peculiar, referencial neologismo. Al natural posicionamiento que implica el hecho de ser artistas, Paiva, Freisztav y Raffo le agregan una cuota de manifiesto, lo cual parece a la vez bastante adecuado en una época en que los manifiestos más políticamente universales han caducado, y cada artista es su propio manifiesto, su credo y su dogma.
A la vez, los objetos del arte van por su cuenta, y en ese campo, y en estas obras, difícilmente se detecte la irrupción de algun virus de locura, incluso de aquella mas anárquica y militante, y sí las contundentes razones del oficio, de la elocuencia expresiva, la intensidad lírica y la audacia narrativa. Paiva desarrolla sus habituales galas tentacularias del paisaje con el tremendo virtuosismo que se le reconoce, para imponer la metáfora y la incógnita allí donde sostiene paradójicamente el arrebato
paradisíaco de su propia vocación romántica. Freisztav acude con poderoso armamento a la batalla expresionista y se inmiscuye en el panteón de sus héroes literarios con la pastosidad dramática, porosa, de la monocopia, para un desfile de identikits bizarros
en electrizado homenaje gráfico. Raffo sostiene con implacable soltura y probidad académica la confluencia del temperamento moderno con la verosimilitud hiperrealista en pantomima de volubles fisionomías, extrayendo de un mismo personaje una mascarada de infinita teatralidad.
Con predominancia del blanco y negro, y una amalgama de técnicas y herramientas tradicionales practicadas con una convicción lindera con el fanatismo, este filoso tridente de practicantes, infatigablemente celosos de ser tres en uno, y uno en tres, como una de las formas de la autonomía, combinan susurros y gritos, mente y materia, caricia y furia, en el concierto atonal de sus peculiares discursos.


Eduardo Stupía

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