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La Línea Piensa
Muestra # 110
Daniel Ackerman
El lápiz de la naturaleza
Inauguración30.5
Cierre30.6
Sala10
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"El lápiz de la naturaleza", el título de esta muestra, es además, y en primer lugar, el título del primer libro fotográfico de la historia. Su autor es William Henry Fox Talbot, inventor del calotipo - del griego kalos, bello, y tipo, forma - suerte de arcaico negativo de papel que permitía reproducir imágenes y extraer copias de razonable fidelidad. Talbot patenta su invento en 1841, cuando ya en 1826 Nicéphore Niépce, disconforme con las presuntas incorrecciones tonales que adjudicaba justamente al negativo, había logrado obtener una imagen positiva directa de la cámara oscura, hallazgo al cual bautizó heliografía, es decir dibujo del sol. Lo notable es que el propio Talbot confiesa que fueron sus torpes limitaciones con el dibujo lo que lo motivaron a inventar un proceso que le permitiera capturar, registrar y fijar “la inimitable belleza de las imágenes que la naturaleza pinta”(1). Para Talbot, la naturaleza es quien dibuja, así como Niepce dice que quien dibuja es el sol. Son metáforas, desde luego, pero resultan sumamente reveladoras de una conciencia que encuentra el dibujo allí donde no ha dibujado nadie, donde no ha habido voluntad dibujística ni ninguna subjetividad en juego.

Daniel Ackerman parece haber tenido una intuición semejante al abordar el paisaje, atraído no solo por la magnificencia de la escena panorámica total sino por los modos lineales, gráficos y texturales que componen el carácter territorial y atmosférico de toda una selectiva geografía, desde las variables orográficas hasta la botánica lacustre y boscosa, entre el agua, el cielo, el follaje y el terreno. Efectivamente, Ackerman hace ya no del paisaje como género sino de la fotografía del paisaje una verdadera orfebrería del trazo óptico con una riqueza de texturas casi caligráficas, y el foco convertido en la pluma de un miniaturista, sin descuidar por eso las gradientes tonales y el contraste de los planos en la profundidad de campo. No es casual ni gratuito que otra muestra de fotos del artista fuera titulada ¨fotografismos¨.

Aún cuando se lo percibe muy proclive a establecer instantánea empatía con la plasticidad de sus motivos, Ackerman logra la suficiente distancia objetiva para desapegarse de esa fascinación, por lo cual sus imágenes nunca resultan edulcoradas; en ellas respira una suerte de naturalidad, a partir de una formulación por momentos muy sencilla, y también tributaria de una cierta ortodoxia clásica en la composición y en el encuadre, que morigera cualquier atizbo de decoratividad o barroquismo. También, eventualmente abandona el punto de vista y la lógica perspectivista para proponer un plano rebatido y, casi sin excepciones, sin referencia de distancias o puntos de fuga. Allí, los heterogéneos terrenos que encuentra en el camino lo instan a detenerse en la inabarcable riqueza de rasgos de la minuciosa realidad física, con una miríada puntillista de prodigiosos cruces y rítmos lineales que se recortan, se incrustan, se expanden o flotan en las palpitantes superficies, en una orquestación que convierte lo previsible en sorpresa y el registro naturalista en poesía abstracta.

Eduardo Stupía


(1) El lápiz de la naturaleza – William Henry Fox Talbot – Casimiro Libros, Madrid.

 

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