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La Línea Piensa
Muestra # 112
Pedro Berlín
La trama de la vida
Inauguración5.9
Cierre4.10
Sala10
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"La trama de la vida"
Obras 2005-2019


Si sólo lo conociera por sus cuadros, pensaría que Pedro Berlin es una persona con una mano enorme y otra diminuta. Es que esos dos registros se dan cita en sus composiciones: el detalle y lo gigante. Al espectador lejano le ofrecen el anzuelo gigantográfico de las entrañas casi abstractas de una ciudad; y una vez que éste se acerca lo suficiente, lo sumergen en una especie de historieta microscópica. Digo historieta a condición de que se entienda que estas escenas elementales permanecen suspendidas en un extraño formol. Escenas que se juegan bajo rayos X, ya que para componerlas Berlin elige su mano diminuta e infantil y dibuja a sus personajes con la técnica igualitaria de los palotes: esa que todos podemos emplear para hacer un dibujo. Un enorme sol de oro incandescente y quizá también, perdido por ahí, un par de ojos asomados, curiosos, diminutos, de historieta, que son la marca (¿la firma?) que Berlin esconde en muchos de sus cuadros. Ojos que le bajan el copete a los sueños enfebrecidos del arquitecto. Porque Pedro Berlin es arquitecto de profesión, pero también podría ser un dibujante de historietas. Ambos, el arquitecto y el historietista, conviven en su obra, juntos pero no mezclados, en una fértil calma chicha, que sus espectadores siempre agradeceremos.
Hernán Lucas

 

La amistad que mantuvo con Hector Libertella parece haber dejado en Pedro Berlin no solamente huellas emocionales sino explícitos lazos de contacto entre las estéticas de ambos. La literatura es para Libertella lo que de alguna manera es el dibujo para Berlin: un cuerpo discursivo y sintáctico que se expande y se contrae como conjetural objeto gráfico-escriturial, estableciendo una red hermética de vasos comunicantes activos en un campo magnético equidistante de toda fijación gramatical, semántica, historicista. El lenguaje de Berlin es hedonista, pródigo hasta la exasperación e imbricado hasta la asfixia, y sin embargo respira y palpita como un insólito organismo pluricelular. El aire de desbordante improvisación icónica que Berlin le insufla a sus laboriosas, infinitas, cartografías aporta el fulgor límpido del movimiento perpetuo, según la norma de una inquieta, inestable, caleidoscópica metamorfosis. Sin principio ni fin, sin pies ni cabeza, pero perfectamente lógicas en su maquinista combinatoria, las piezas de Pedro Berlin son la perfecta enunciación de un mundo revelado hasta el ultimo detalle, y a la vez hermosamente imposible. Eduardo Stupía

 

 

 

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