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La Línea Piensa
Muestra # 116
Agustina Galindez Quesada
Catarsis
Sala10
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Probablemente, todos hemos utilizado alguna vez la expresión “hacer catarsis”, y quizás habremos transitado esa experiencia, que consistiría en expulsar la carga y las asfixias de un eventual trauma mediante una suerte de exorcismo inducido o voluntario, apelando a ciertas prácticas o métodos conscientes a partir del cual se recupera el eventual equilibrio y la salud corpórea y espiritual perdidas. Etimológicamente, la palabra catarsis se vincula con la purgación y la expurgación, y la griega Kátharsis “estuvo ligada primero a los rituales de purificación, antes de convertirse en un término hipocrático importante de la teoría de los humores”(…)” En psicoanálisis y en psicoterapia, el método catártico (…) está ligado a la descarga emocional que, por la mediación del lenguaje, permite liberar el afecto vinculado a un acontecimiento traumático”(1).

Sería un error asociar directamente la obra que ahora presenta Agustina Galindez con el dramatismo áspero que parece inexorablemente ligado a la catarsis, y habrá entonces que preguntarse qué clase de sanación o sustancia curativa encuentra, o desarrolla, en su práctica. Galindez dibuja y borda indistintamente, sobre paños y papeles, y ambas operaciones son en ella los términos que delimitan, y a la vez hacen discretamente visible, el territorio de su privacidad. Sus fisonomías, sus figuras, sus personajes, sus minúsculas situaciones, incluso sus incursiones en alegorías anatómicas o pequeños íconos de rara simbología, tienen la rusticidad y autenticidad de rasgos de quien dibuja sin escuela ni formalismos, como si estableciera una conexión directa con una subjetividad que se hace naturalmente confesional, a veces codificada en claves de callado hermetismo, a veces directamente reveladora en términos de cruda simpleza. Las frases delineadas en caligrafía casi escolar agregan el anclaje coloquial, discursivo, que interpela directamente al espectador casi invariablemente desde una primera persona, y de algun modo es sencillo sentir que ella es nuestro espejo y nosotros su semejante. Quizás sea esta involuntaria, o deliberada empatía el bálsamo catártico que la autora busca en la evolución y transiciones de este virtual diario íntimo, o cuaderno panorámico de notas, con un lenguaje que se desnuda según la incógnita verdad del arquetipo, a mitad del camino entre el candor de los dibujos de Lorca y el magma inconsciente de Louise Bourgeois.

Eduardo Stupia
(1). Vocabulario de las filosofías occidentales – Direcciòn de Barbara Cassin – Siglo XXI Editores - México

 

 

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