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La Línea Piensa
Muestra # 38
Andres Bancalari
Arquitectura de la resistencia
Inauguración29.7
Cierre29.8
Andres Bancalari
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Desde el mismo título que elige para esta muestra, Andrés Bancalari es suficientemente claro en lo que respecta a su programa. Y cuando en el conciso texto que la acompaña alude a la idea de ¨resistencia¨ como una de las formas de la supervivencia, una primera mirada sobre esta etapa de su producción induce a preguntarnos no sólo qué tipo de resistencia pone en práctica al ensayar estos someros dispositivos, sino qué resistencia encuentra en el campo híper - concentrado donde trama las estrategias de su lenguaje.

Puede tratarse de la oposición dialéctica entre el plano neutro, aireado, intacto como superficie, y el mismo plano espacializado, tensionado por la geometría a medias proyectual, a medias arbitraria, de sus trazos lineales. Estos se ven punteados aquí y allá por nudos minúsculos, que operan como puntos de anclaje, de apoyo, o bien como hitos de llegada o partida de las líneas en la hipotética vastedad de ese espacio, que Bancalari reconfigura con la gran contundencia de la sutileza en los efectos perspectivistas de sus signos en flotación. También, en esos mismos silogismos gráficos, el contrapunto dinámico entre la virtual energía cinética de las madejas y garabatos, y el disimulado eje constructivo de las delicadas estructuras que dialogan con ellos, parecen abonar la idea de una poética que se resiste a toda sobredeterminación respirando en la atmósfera depurada de su discreto rigor.

También, puede hablarse de una cierta cualidad dual de esas figuras de líneas gruesas, sólidas, netas, que parecen emblemas de diseño, mensajes cifrados o arbitrarios isotipos de productos o inventos incógnitos, flotando airosos en la gratuidad del arte, resueltos como elegantes troquelados. Aquí, la resistencia parece enquistada en la obsesión del artista por hacer que desde el caprichoso oropel del ornamento sus dibujos amaguen con imponerse silenciosamente como escena sintética, como alegoría, como metáfora. En esta misma sintonía vibran las piezas de ilusión más corpórea, como maquetas de plazas secas para un urbanismo de sueños, embelecos que urde Bancalari en su bazar lírico, que es a la vez laboratorio de enrarecida planificación, usina alucinada de sistemas destinados, quién sabe, a la fértil inutilidad práctica del objeto visual.

Eduardo Stupía