25-anios-2-2.png
La Línea Piensa
Muestra # 42
Santiago Alonso
Paisaje adentro
Inauguración16.12
Cierre27.2
Santiago Alonso
Compartir

Orografía, botánica, biología, geografía... Santiago Alonso instala de inmediato, con una homogeneidad que aparece como natural, orgánica, y una fluidez motriz tan infatigable como controlada, un dibujo hiperconcentrado, así como notablemente estilizado aún en su evidente saturación, que parece abrevar de las fuentes y archi- vos iconográficos de aquellas disciplinas, como de arbitrarios catálogos ornamen- tales, o de algún exuberante reservorio de motivos de decoración. Sin embargo, no es la intención del artista, ni el resultado de su asombrosa lógica acumulativa, encerrarse en la gratuidad constructiva del patchwork. Afirmado en las segurida- des que le aportan su inventiva y su técnica, Alonso asume la vocación de un car- tógrafo candoroso y obsesivo, volcado a dar su propia versión, su peculiar bitáco- ra, de las maravillas graficas que ilustraban esas enciclopedias y manuales donde veíamos representadas por primera vez las piezas del rompecabezas del mundo que se llaman piedras, plantas, tejidos, arterias. Pero no se trata aquí de la mera orquestación de citas o referencias, sino de la atenta puesta en marcha, paso a paso, de una suerte de pulsión germinal, donde las células gráficas se agrupan y amalgaman como al influjo de un poderoso imán, conformando un tapiz infinito que en cada cuadro cambia y cautiva con nuevas manifestaciones sin dejar de ser esencialmente el mismo, y donde, de vez en cuando, asoma el atisbo de un recur- so figural que tiñe de renovado misterio todo este delicado universo.
El ágil y minucioso devenir de la puntillosa pluma suma líneas, texturas, zigza- gueos y entrecruzamientos en puzzles de módulos irregulares, siempre cerca de la improvisación pero también según un concienzudo equilibrio de contrapuntos y armonías rítmicas y estructurales. En ese sentido, la aparente cerrazón en la manera fanática con la que Alonso concibe el plano es sólo un efecto colateral; a poco de detenernos en sus exhaustivos encajes, una inesperada respiración revi- taliza ese follaje híbrido. En algún lugar de la física sensualidad de sus tramas, que atrapan al ojo como la tela de araña al insecto, se abre una crepitación ópti- ca que, a la manera de un congelado caleidoscopio monocromo, superficialmen- te fijo pero extremadamente dinámico, deja en el espectador la impresión de hallarse frente a un festín de metáforas visuales, artefactos para una escenogra- fía de fábula donde se narran prodigios sin personajes, anécdota ni moraleja.

Eduardo Stupía