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La Línea Piensa
Muestra # 46
Marta Borel, Marcela de Barruel y Susana Doallo
Mitologías privadas
Inauguración9.6
Cierre3.7
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Tres aquí y ahora.

Ser de una determinada época y simultáneamente llegar a ser si mismo no es cosa que de por si se logra con el sólo existir. Por el contario, se produce entre el individuo y su tiempo una relación dialéctica particular. Suele suceder casi siempre que uno de estos términos desea vencer al otro por K.O. Ello explica la existencia de tantos reaccionarios por un lado y por otro, de tantos snobs, ignorando que contemporaneidad e individualidad se enriquecen mutuamente. Un pecado juvenil es creer que para ser contemporáneo basta con enunciarse a sí mismo con desparpajo, aunque sólo se reiteren formulaciones anteriores. Por el contrario, dejando fluir lo latente de si se contribuye sin prejuicios a elaborar una conciencia creativa temporal más allá de la generación a la que se pertenece, porque uno sabe de su época siendo parte, ( lo que significa contemplar y realizar) de un proceso. Existe el error habitual de suponer que son únicamente los jóvenes los que enuncian los tiempos nuevos cuando en realidad son éstos últimos – involucrando la complejidad de fenómenos societarios- los que los conforman dialécticamente a todos ( a ellos y a sus mayores también). Y esto ocurre particularmente en ciclos que superan el concepto de que transcurrido quince años, una nueva generación surge con postulados nuevos. La aparición de una época que difiere de las anteriores, involucra a todos los que sensiblemente – más allá de sus edades- sepan formularla. De ello un ejemplo en el campo literario es Macedonio Fernández, y en el campo de la pintura, el de Monet de Giverny. Y por eso también en el campo cultural, hay largos períodos reiterativos, y otros que formulan nuevas formas de ver el mundo. Si bien los jóvenes pueden estar más desprejuiciados para manifestarlas, lo importante pasa por la percepción sensible. 
Digo esto porque considero que desde el inicio de este siglo se está saliendo del desconcierto posmoderno, comenzándose a percibir – como sucede por lo general al inicio de cada centuria- la conciencia de una nueva Imago mundi, que, en este caso, está siendo elaborada con la heterogeneidad de los más diversos aportes de la modernidad.
Digo esto también a propósito de estar escribiendo un prólogo  para una exposición de tres artistas mujeres de la misma generación, (no la última por cierto) que si bien no se conocían antes entre ellas, vienen a través del mismo medio -el dibujo- enunciando mundos particulares – mitologías privadas- que a su vez nos “hablan” del mundo en que estamos todos con una sensibilidad muy contemporánea.
Paul Valéry ha señalado que todo acto del espíritu mismo esta siempre acompañado de cierta atmósfera de indeterminación más o menos sensible. Y es justamente esta atmósfera indeterminada es la que se va definiendo como una  y no varias – a pesar de sus propias individualidades bien marcadas- en los dibujos de Marta Borel, Marcela de Barruel y Susana Doallo. El espacio global, la línea como danza, la escritura con o sin palabras, la abstracción como forma de nombrar al mundo, son elementos comunes en las obras de las tres. Son representativos, no de cosas sino del universo, aún cuando lleguen a señalar particularidades. Marta Borel, por ejemplo, “nombra” animales, insectos y  escribe frases, así es como ella, con la inclusión de datos insólitos, desconexión de imágenes, irrupciones de color – adjetivo calificativo-, números que formulan cuentas, sugerencias de otras escrituras, como la china, líneas que se cierran cuando uno las supone abiertas y llegan al límite de navegar en el agua, nos está diciendo en esta escritura sin palabras (aunque las tenga) que el universo está abierto y en permanente proceso de definición. 
Marcela de Barruel, también convoca por medio de aguadas, pero con el propósito de oponer el concepto de rectitud con el de eclosión. El universo – ese todo inclasificable y siempre sorprendente- es para ella un escenario de lucha entre un supuesto orden y una informalidad que “paradójicamente” lo va gestando. La tensión entre lo recto y lo informal es la clave para entender no ya tan sólo su obra, sino, sobre todo, el mundo según ella. Y así sus dibujos se presentan como cuadros de situación, o sea como pinturas.
En el caso de Susana Doallo, la apertura y la eclosión que señalamos en los casos anteriores, devienen secretos internos en los mundos (redondos como los planetas) que ella nos presenta. Sus registros de tramas que su sensibilidad interpreta, nos formulan universos como mandalas. Pero por su concentración de miniaturista, sin embargo están compuestos por elementos sueltos y dinámicos que parecen aludir a la teoría física del caos.
Estas tres artistas colocan así el eje de su hacer, en la relación individuo-universo y lo logran a través de una escritura abstracta, que hace que se presenten como poesías visuales.

Luis Felipe Noé