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La Línea Piensa
Muestra # 48
Paula Gruschky
En la cuerda
Inauguración4.8
Cierre28.8
Paula Gruschky
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Vemos los dibujos de Paula Gruschky e inmediatamente nos parece percibir que han sido realizados con el arrebato de una expansiva energía, contenida y controlada, no obstante, por una muy estricta economía de medios. ¿Por qué nos inducen a sentir eso? ¿De dónde viene, en ellos, el aliento que parece conducir su elegante despliegue en la página, donde nos convencen de su cualidad orgánica con total naturalidad, como si estuviéramos frente al registro de las evoluciones, detenidas en el espacio y en el tiempo, de una misteriosa entidad, tan intangible como omnipresente, que sobrevuela invisible el plano dejando la estela de sus desplazamientos, siempre parecidos y siempre diferentes?
Ese delicado insecto, incorpóreo aunque de sutil materialidad, que no podemos atrapar, no es otro que el capricho de la línea, afilada estribación del espíritu impetuoso del dibujo. Bajo su influjo, Gruschky se dedica devota a trazar los rastros de una purísima esencialidad que se expande y se afina, se enreda y se estira, y adopta curvas, rectas, bucles y nudos flojos para destilar en el espacio artificial de la hoja una suerte de teatro de hilos gráficos, donde las circunvoluciones y las enredadas confluencias muchas veces funcionan como órbitas ultraístas que dialogan entre sí, o bien se conectan con otros elementos, modulados más volumétricamente en delicados pliegues de gris, que operan como núcleos de anclaje, contrapunto, equilibrio y diálogo.
Ya sea en las obras en lápiz, como en las sorprendentes y sutilísimas piezas donde la línea es un evanescente recorte de papel, que integra la sombra al conjunto como minúsculo quiebre de su etérea arquitectura bidimensional, Gruschky se revela en cálida complicidad voluptuosa con la mirada del espectador, instándolo a recorrer acompasadamente, sin relato, y por el placer mismo de hacerlo, estas sinuosas trayectorias. La artista se repliega en la virtuosa escasez de apenas uno o dos elementos constitutivos básicos, para adquirir fuerza a partir de ellos y lograr el mayor efecto, dejando de lado todo aquello que pudiera requerir de un desenvolvimiento mas profuso de recursos en el plano, confiando estrictamente en la contundente sonoridad que la implosión de sus amorosas líneas provoca sobre el envolvente silencio óptico del plano intocado.

Eduardo Stupia