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La Línea Piensa
Muestra # 52
Mónica Rossi
Entrelineas
Inauguración8.3
Cierre8.4
Mónica Rossi
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Para quienes hacemos LA LINEA PIENSA, es un verdadero orgullo iniciar la serie de muestras del ciclo 2012 con Mónica Rossi, una artista tan singular y potente como secreta y misteriosa. Puede decirse que Rossi ha trabajado a lo largo de varios años en una virtual reclusión, lo cual suele ser no tanto una renuencia ideológica a participar de los ritos urbanos que de un modo u otro congregan a los artistas, e influyen en ellos, sino la consecuencia de un carácter, una necesidad íntima, una temperatura subjetiva que de repente se convierte en estilo. La fuerza centrípeta que alimenta a esta raza de artistas ocultos tiene en Rossi la peculiaridad de ser turbulenta y a la vez luminosa, una ecuación que se resuelve como relato gráfico depurado, esencial, donde la síntesis y la reticencia son su razón de ser y el eje de una expresividad despojada, aunque de palpable sensualidad.
La obra reciente que la artista presenta aquí nos interpela instantáneamente, aunque enseguida se escabulle ante cualquier intento de aprehenderla, invariablemente provocativa e indefinible. Aún allí donde desfilan elocuentes ojos gigantes, siluetas, cabezas, figuras y perfiles, imbricados entre tramas y cruces de franjas y líneas heterogéneas, como induciendo a leer en ellos un protagonismo dramático, Rossi escapa de toda gravitación de contenidos, así como de toda tentación de densidad material, para expandirse en el aire de la improvisación virtuosa, del bosquejo sensible, como si su imaginación siempre fértil optara por disimularse en las virtudes de la concisión, ejecutando versiones amplificadas y a la vez desmitificadoras de un scrapbook emocional y anímico.
A la vez, en todos los casos, en medio de una subdivisión del plano invariablemente resuelta con la soltura y la naturalidad que sólo pueden provenir de una visión rigurosa, se respira una suerte de exultación lírica, una jocunda libertad, el puro hedonismo del garabato que siempre es parecido y siempre es diferente, la electricidad gestual que no obstante recela de la famosa espontaneidad y siempre está alerta para no caer en la artificialidad y el mero borroneo. En Rossi todo es aparentemente pasajero y volátil pero a la vez estricto, neto, fanáticamente exacto. Los elementos de su lógica parecen intercambiables, y sin embargo no podríamos pensar a ninguno de ellos fuera de ese lugar asignado según las leyes de una arquitectura y una geometría incógnitas, que ella transforma en pura poesía dibujada. 

Eduardo Stupía